Aquella tarde se encontraba sola… sentada en el banco de parque, miraba con sorpresa todo aquello que rodeaba su vida. Parecía no haber salida, se sentía sola y presentía el peligro y la muerte. Pasaba el tiempo mientras la brisa movía el cabello de aquella joven. Miró al cielo, sus ojos negros; negros como el ébano, vieron el azul del infinito.
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